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Una Nueva Oportunidad

Aaron llevaba ya tiempo que no sabía de Evans, seguía teniendo problemas con Hamilton y cada vez que discutían camino a sus respectivos trabajos buscaba la manera de distraerse de esos problemas, el evento de cierre de año estaba a puerta de esquina, tenía meses que el servicio de Evans había concluido, pero Aaron no se sentía triste por ello, algo había ocurrido entre Aaron y Evans que decidieron terminar con todo lo que había hecho.

Montealegre le da la noticia a Aaron que fueron elegidos para organizar el evento patrimonial de las empresas, mientras afinaban los detalles para el evento de mañana.

Montealegre se reajustó el nudo de la corbata con un gesto fluido antes de inclinar el torso sobre la mesa de cristal. Extendió una carpeta de argollas de acero, golpeando levemente el borde del expediente con la yema del índice para llamar la atención de Aaron.

— ¡Muy bien, Aaron! Mañana es el evento del año, ¿Está todo listo? —preguntó Montealegre, alzando la mirada mientras pasaba la hoja con un rasguño seco del papel—. Te comento que el próximo año nos tocó organizar el evento patrimonial, participarán todos los ejecutivos y sus respectivas empresas ¿Estarás dispuesto a colaborar conmigo? ¿Podrás con todo el paquete o vas a necesitar asistencia? —

Aaron dio un paso al frente, entrelazando las manos a la altura de la cintura antes de asentir despacio con la cabeza.

— Creo que necesitaré asistencia, el evento patrimonial se requiere mucho trabajo, más que éste del cierre de año. —

Montealegre enderezó la espalda en el sillón giratorio, apoyó ambos codos sobre el escritorio y juntó las yemas de sus dedos en forma de pirámide.

— ¿Recuerdas del convenio que tenemos con el centro de capacitaciones? —dijo, inclinando levemente el rostro con una sonrisa de complicidad—. Usaremos dicho convenio; mañana por la mañana hago la solicitud para que la lleves personalmente. —

— ¡Claro que sí! —respondió Aaron, metiendo una mano en el bolsillo del pantalón mientras daba un leve giro con el pie—. Coménteles a los ejecutivos de dicho movimiento para que no haya malas interpretaciones. —

— No hay de qué preocuparse, ese asunto ya está arreglado —aseguró Montealegre haciendo un ademán despectivo con la mano derecha como si espantara una mosca invisible—. Años anteriores a ellos les tocó hacer este evento y bien saben lo complicado que es, ahora que nos toca a nosotros, ¡Vamos hacerlo mejor! —tomó un bolígrafo de la mesa y apuntó con el capuchón hacia el frente—. ¡Imagina el rostro de los ejecutivos al ver que el evento será completamente diferente al que ellos han hecho! Además, si todo sale bien, tendremos las puertas abiertas para olvidar el contrato rechazado y conseguir mejores contratos. De hecho, te daré un pequeño incentivo para que estés motivado al trabajarlo, ¿Vale? —

Aaron sonrió ligeramente, estiró el brazo y acomodó la postura con aplomo.

— ¡Claro que si ingeniero! —exclamó Aaron, alzando la mano derecha para enfatizar el compromiso—. Usaré mis conocimientos para comenzar después de mañana, gestionar el del próximo año, al que madruga Dios lo ayuda. —

— ¡Esa es la actitud! —festejó Montealegre, dando un palmada sonora sobre la madera de la mesa antes de señalar la puerta—. ¡Me gusta que seas optimista y que tengas mucha motivación! Ya puedes retirarte, nos vemos mañana a primera hora. —

Aaron había recobrado los ánimos para lograr superar las expectativas de Montealegre, aunque en momentos de felicidad para Aaron, el teléfono comenzaba a sonar, como si se tratara de un espionaje de Hamilton, pues siempre que ocurrían buenas oportunidades para Aaron y éste se alegraba, el teléfono no dejaba de sonar y su alegría le duraba poco. El aparato vibró bruscamente sobre la superficie, obligando a Aaron a bajar el brazo ya apretar los puños en un espasmo de tensión.

A la mañana siguiente, Aaron regresaba a la empresa para prepararse con los últimos detalles del cierre de año y a su vez a cumplir con la diligencia impuesta por Montealegre de llevar el oficio al centro de capacitaciones.

Montealegre lo llamó desde el teléfono interno y Aaron procedió a ir a ver a Montealegre a su oficina, todos los demás compañeros de trabajo de Aaron sentían cierta envidia por el trato que tenía Aaron con Montealegre, cruzando los brazos desde sus cubículos o girando el cuello para seguir sus pasos, aunque Aaron siempre lo respetaba hablándole primero por su título.

Otros se preguntaban ¿Qué habría pasado entre Evans y Aaron? ¿Por qué de pronto Evans dejó de asistir antes de la fecha estimada de su servicio? ¿Acaso pasó algo entre la becaria y Aaron? Ellos conocían los conflictos que tenía él con Hamilton, pues siempre que Hamilton le marcaba a su teléfono portátil y éste no contestaba, sonaban los teléfonos de la empresa a nombre de ella y como cereza del pastel, cada vez que contestaban las secretarias, recibían una pregunta directa y llena de insistencia “¿Se encuentra Aaron?” o “¿Alguien sabe del paradero de Aaron?” o a veces “¿Me podrían comunicar con Aaron, claro, si está en la empresa?”.

Montealegre le entregó el oficio de solicitud a Aaron, extendiendo un sobre manila grueso, y éste lo sujetó con ambas manos antes de dirigirse al centro de capacitaciones, sabiendo que Montealegre, como buen samaritano, cada oficio lo acompañaba de un obsequio, el cual acomodó con cuidado bajo el brazo.

Al llegar Aaron al centro de capacitaciones, caminó a través del vestíbulo mientras ajustaba la correa de su maletín. Todos los docentes salían a su paso, deteniéndolo brevemente o saludando con la mano en el aire para preguntar por Montealegre, a lo que Aaron siempre respondía rotando la cabeza a un lado y sonriendo de compromiso “Saturado de trabajo” o “¡Bien gracias por preguntar!” o incluso, deteniendo la marcha unos segundos y dando una leve inclinación de busto, con oraciones como “¡Muchas gracias por su interés!, el ingeniero Montealegre estará complacido por sus preocupaciones”.

Aaron llegó a la oficina de reclutamiento y vinculación del centro, cruzó el umbral de la puerta e hizo entregar la solicitud deslizándola sobre la barra del mostrador hacia la encargada del área, mientras daba dos pasos de lado para colocar el obsequio directo en las manos del coordinador del centro, quien lo tomó con sorpresa y asentimiento.

La encargada de reclutamiento y vinculación sostuvo el papel a la altura de los ojos, recorrió las líneas con un lápiz en la mano y, levantando la vista hacia Aaron mientras cruzaba las manos sobre el escritorio, le respondió que por ahora los únicos capacitados eran del grupo de Leonela Rickford, para la petición que estaban solicitando.

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