El transporte marítimo de cabotaje y de media distancia ha tomado un papel protagonista en el intercambio de insumos industriales, productos alimentarios y materiales de construcción en la Península y la costa suroeste del país. Frente al congestionamiento periódico de las rutas terrestres y el incremento en los costos de flete por carretera, la vía marítima ofrece una alternativa eficiente y con menor impacto en desgaste de infraestructura vial.
Sin embargo, capitalizar esta ventaja requiere superar esquemas tradicionales de operación. Durante décadas, varios recintos portuarios de la zona concentraron sus muelles en actividades asociadas casi de forma exclusiva a una sola industria. El reto actual consiste en ampliar la capacidad instalada para atender embarcaciones de carga general, contenedores y granel comercial.
La atracción de nuevos clientes en el sector logístico depende directamente de dos factores: la profundidad de calado en los canales de navegación y la agilidad en el despacho aduanero y de maniobras.
El envío de volúmenes consolidados por vía marítima reduce de forma considerable el costo por tonelada transportada entre el centro del país y la Península de Yucatán.
Contar con áreas contiguas a los muelles para el resguardo de mercancías permite a los distribuidores organizar entregas programadas sin saturar bodegas urbanas.
La disponibilidad de astilleros, talleres de reparación naval y proveeduría de víveres genera una cadena de valor local que beneficia a pequeñas y medianas empresas de la comunidad.
Para que un puerto diversifique su operatividad de forma sostenida, no basta con la inversión pública en dragado o escolleras. Se requiere que los agentes aduanales, transportistas terrestres y navieras coordinen frecuencias fijas de salida y llegada.
Cuando existe certidumbre en los itinerarios, los productores agrícolas, la industria manufacturera y los comercios locales comienzan a ajustar sus cadenas de suministro para integrar el barco como su opción principal de transporte. Esta continuidad convierte a la actividad marítima en un motor permanente de empleo técnico y desarrollo comercial para la ciudad.













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