La estabilidad de la Casa Definitiva ha sido comprometida. No por las hordas exteriores ni por la fauna que acecha la cerca activa, sino desde el núcleo. El Piélago-0 ha interceptado una serie de pulsos electromagnéticos a través de los canales de la MCB26.
El diagnóstico es definitivo: las anomalías tectónicas de origen desconocido se están ramificando justo debajo de los cimientos de nuestra base principal. Permanecer aquí significa arriesgar los datos del archivo.
La orden de evacuación se ejecutó de inmediato. El Piélago-0 ha desplegado unidades de escape mecanizadas para asegurar la transición por los dos vectores del mapa: tierra y mar.
El inventario de carga ha sido optimizado para la marcha. En la parte posterior del transporte terrestre, junto a la Herschel Trials que contiene los módulos ópticos HDC-1 y CNC-360, he fijado el dispositivo de exploración más crítico de esta fase: el Rastreador de Menas Interdimensional (RMI). Esta pequeña mochila compacta de análisis molecular nos permitirá escanear las firmas de nuevos minerales y recursos exóticos conforme avancemos hacia las coordenadas de reasentamiento.
El vector terrestre está asegurado por una cuatrimoto de alta cilindrada táctica, diseñada para romper las líneas de Los Hostiles y sortear la densa vegetación de la expansión de biomas sin perder velocidad.
El terreno está listo para el movimiento.
La inteligencia de la misión no termina en el blindaje de nuestros vehículos. El Piélago-0 mantiene activos a ciertos Agentes Infiltrados en la red de caminos del mapa; contactos comerciales clave que operan desde las sombras de los sectores rurales para abastecer nuestra ruta. Sus identidades y códigos de intercambio permanecen clasificados hasta que entremos en su rango de frecuencia.
La Casa Definitiva queda en modo automático, alimentada por el yacimiento. El motor de escape ya está encendido. La aguja de la MCB26 apunta hacia un territorio desconocido.














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