Después de la última charla de Aaron con Montealegre, se notó un cambio distinto en el carácter de Aaron, se veía más comprometido en su trabajo, ya no le importaba mucho los pleitos que tenía con Hamilton, si se ponían a pelear, lo único que hacía Aaron era colgar el teléfono.
A todo esto, en Aaron se notó un interés distinto y más enérgico al trabajo, aunque igual el interés de Aaron ya no era solamente su trabajo, si no igual era, la señorita Evans. Cada duda que tenía Evans, Aaron acudía a su rescate. Dentro de la empresa se murmuraban muchas cosas y entre ellas, que Aaron estaba interesado en Evans, pero no sabían hasta qué punto, aunque otros daban conclusiones abstractas.
– Aaron, mañana saldré de viaje ¿Quieres venir con nosotros? O prefieres quedarte a cargo de la empresa. – Le preguntó el ingeniero Montealegre.
– ¡Muchas gracias por la invitación ingeniero Montealegre! Pero prefiero quedarme como suplente en su ausencia, si no le importa. – Respondió Aaron.
– ¡Perfecto! Sólo no descuides tu trabajo y deja trabajar igual a Evans en sus pendientes que le dejé en mi escritorio. – Rebotó la charla el ingeniero a Aaron, haciéndole señas que tuviera cuidado con Evans.
Montealegre tomó el primer taxi, mientras Aaron aguardaba desde la entrada de la oficina, observando como el vehículo de renta se apartaba del campo visual de Aaron.
Tomo cartas en el asunto y comenzó a dirigir al personal correspondiente, dándoles indicaciones para la disminución de la carga de trabajo, el teléfono de Aaron comenzó a sonar, era Hamilton quien le estaba marcando.
Aaron descolgó la llamada y comenzó a hablar con Hamilton, pues lo estaba invitando a salir para aclarar asuntos entre ellos, a lo que Aaron le respondió que no podía ya que el ingeniero Montealegre salió de viaje y le dejo a cargo de la empresa.
A Hamilton no le importó el diálogo y arremetió con disgustos, se notaba a simple vista que Hamilton quería empezar otro pleito caprichoso, pues los ojos de Aaron viraban sin importar lo que escuchaba y decidió colgar la llamada.
El teléfono de Aaron volvió a sonar insistentemente y Aaron lo único que hacía era colgar la llamada, sabía que dicha llamada sólo era para que Hamilton siguiera discutiendo con él.
Al final, Aaron decidió mandarle un mensaje de texto diciéndole que se verían en la plaza en el Lé café doré, la cafetería francesa que se encontraba dentro de la misma plaza.
Aaron iba dispuesto a poner cartas en el asunto con respecto a su relación conflictiva y las consecuencias de la misma.
Evans se acercó a Aaron y le preguntó si todo andaba bien, que le pareció haber oído alaridos e indecencias.
Aaron trató de cambiar su semblanza para ocultar el disgusto que tuvo durante la llamada con Hamilton y guardar la cordura para no espantar a la señorita.
Aaron le sonrió a Evans y siguió con su trabajo, la llevó a la oficina del ingeniero para mostrarle los pendientes que el mismo le había dejado, ella los tomó y ambos se salieron de la oficina de Montealegre.
En el cubículo de Aaron se encontraba sentada la señorita Evans, mientras ella trabajaba, Aaron no le quitaba la mirada de encima durante un rato, mientras la contemplaba Aaron le estaba mandando un mensaje de texto a Melisa Bornes y cada vez que ella le respondía, éste sonreía.
Melisa, una chica de 25 años de edad, era conocida de Aaron, él sabía que ella sentía algo por él, conocía a la familia de Aaron y en momentos que Aaron se encontraba sólo en su departamento, ella lo visitaba, pero jamás había tenido acceso a su departamento hasta que un día, Aaron se lo permitió, esa tarde que Aaron había salido temprano de la empresa se había puesto de acuerdo para citarse en su departamento e invitarla a pasar una tarde inolvidable.
Entre risas y bebidas convivieron un rato, charlaban de sus planes y sus metas, aunque entre ratos Aaron mencionaba a Hamilton frente a Melisa, a ella no le importaba, mientras Aaron estuviera con ella y no con Hamilton.
En ese instante Evans irrumpe en los recuerdos de Aaron, pues estaba por terminar los pendientes de Montealegre y aún le sobraba tiempo antes de retirarse.
Después de la plática que tuvo Aaron con Montealegre, comenzó una segunda vida a espaldas de Hamilton, la relación conflictiva que tenían ambos, orillaba a Aaron a cometer actos seductores con otras mujeres. Aaron mendigaba lo que en su relación le hacía falta, en lugar de terminar una vez por todas Aaron con aquella relación conflictiva, prefería jugar con fuego y evitar quemarse, que apagar el incendio y barrer las cenizas













Deja un comentario